Me duele.
Me duele a las tres de la madrugada.
Y a las cuatro. Y a las cinco.
Y en un parque a medio día.
Y en el sofá por la tarde.
Que estoy sola.
Y no quiero más tecnología.
Aunque, viendo la parte buena, soy afortunada:
¡va a posar para mí!
25 de enero de 2015
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No reconocerse.
-¿Y por qué me estoy mirando? Ni siquiera se trataba de mí. Había una persona al otro lado, con la nariz a escasos centímetros de la mía, ...
-
Jamás nadie consiguió entrar en su casa... mucho menos verla. No penséis que, por leer ésto, seréis los afortunados que lo consigáis (porque...
-
-¡Ah! -exclamó Markheim, con extraña curiosidad-. ¿Ha estado usted enamorado? Hábleme de ello. -Yo -exclamó el anticuario-, ¿enamorado? Nun...
-
Él está ahí. Con su perro, en esa esquina. Sabe cuándo aparecer. Y cuándo irse. No tengo que llamarle. Él sabe cuándo le necesito. Cuá...
No hay comentarios:
Publicar un comentario