Nos estaba matando.
A los dos.
Y no lo veía.
Con cada frase, con cada palabra, con cada pensamiento partía un trozo de mi alma y de la suya y los tiraba a la basura.
Lo peor es que yo nunca hice nada por pararle.
Ni siquiera quería hacer algo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No reconocerse.
-¿Y por qué me estoy mirando? Ni siquiera se trataba de mí. Había una persona al otro lado, con la nariz a escasos centímetros de la mía, ...
-
Jamás nadie consiguió entrar en su casa... mucho menos verla. No penséis que, por leer ésto, seréis los afortunados que lo consigáis (porque...
-
-¡Ah! -exclamó Markheim, con extraña curiosidad-. ¿Ha estado usted enamorado? Hábleme de ello. -Yo -exclamó el anticuario-, ¿enamorado? Nun...
-
Él está ahí. Con su perro, en esa esquina. Sabe cuándo aparecer. Y cuándo irse. No tengo que llamarle. Él sabe cuándo le necesito. Cuá...
No hay comentarios:
Publicar un comentario